sábado, 30 de enero de 2016

¿Existió Mahoma?

A diferencia de Zeus o Krishna, sí podemos afirmar que Mahoma existió, aunque algunos historiadores tienen dudas al respecto. El problema está en lo tardío e inconsistente de las fuentes que narran su vida. Tradicionalmente se ha asumido que el Corán consta de las recitaciones del propio Mahoma. Pero, el proceso de compilación del Corán fue muy engorroso, lo suficiente como para arrojar dudas respecto a cuánto de ese libro fue añadido tiempo después de que fue supuestamente recitado, y cuánto procede realmente del propio Mahoma.
            En el propio Corán, hay muy escasas menciones de Mahoma, y si sólo tuviésemos como fuente ese libro, no podríamos hacer ni siquiera una mínima reconstrucción de su vida. El Corán consta de recitaciones bastante desordenadas. Ciertamente algunas de estas recitaciones se hacen más comprensibles con los datos complementarios sobre la biografía de Mahoma, recopilados de otras fuentes. Pero, para un historiador, es virtualmente imposible formarse una idea de la biografía de Mahoma, si sólo acudiese al Corán.

Los primeros documentos que realmente ofrecen alguna semblanza biográfica de Mahoma datan de al menos un siglo después de la muerte de Mahoma. La primera semblanza biográfica de Mahoma, sea posiblemente la atribuida a Al Waqidi, un cronista que murió en el año 822. Escribió el Libro de las guerras, en el cual reseña algunos aspectos de la vida de Mahoma, pero sólo aquellos relacionados con sus campañas militares.
La fuente biográfica más importante de la vida de Mahoma es la que ofrece Ibn Ishaq, un cronista musulmán del siglo VIII. No obstante, no tenemos esta biografía propiamente, sino una recensión que hizo otro autor, Ibn Hisham, en el siglo IX. Si bien esta biografía ha permitido a los historiadores reconstruir suficientemente bien la vida de Mahoma, no está exenta de distorsiones, frente a las cuales el historiador debe tener cautela. Y, a la par de la obra de Ibn Ishaq, hubo otras de más o menos el mismo período que también circularon. Pero, una gran dificultad está en el hecho de que, en ocasiones, estas distintas biografías se contradicen en algunos detalles. Por ejemplo, Ibn Ishaq decía que Mahoma era huérfano de padre desde su propio nacimiento, pero otras fuentes, un poco más tardías, dicen que cuando el padre de Mahoma murió, el Profeta tenía ya 27 años. Estas contradicciones hacen dudar un poco respecto a la historicidad del personaje.
            De manera que, la primera gran semblanza biográfica de Mahoma es en realidad un texto que hace referencia a otro texto, escrito más de un siglo después de la muerte de Mahoma. En el caso de Jesús, los evangelios se escribieron al menos cuarenta años después de su muerte. Eso ha hecho sospechar a los historiadores de que muchas de las historias que se narran en los evangelios son legendarias. Pensemos cuánto más legendarias deben ser, entonces, las crónicas sobre Mahoma.
            No obstante, hay un aspecto que no deja de ser sorprendente. Si bien en las crónicas biográficas de Ibn Ishaq y otros hay mucha alabanza a Mahoma, en esas mismas fuentes se narran aspectos muy sombríos de su vida. Esto, en la metodología de los historiadores, es un indicio de que sí estamos frente a un personaje real, y que esos aspectos sombríos son con toda probabilidad históricos. Pues, si se hubiese querido inventar un héroe, ¿qué se habría ganado con degradarlo con detalles vergonzosos? Es precisamente la presencia de esos detalles vergonzosos lo que da mayor credibilidad a las fuentes.
            Además de esas primeras biografías sobre Mahoma, los historiadores también usan como fuentes al jadiz. Esto es una enorme colección de dichos que supuestamente proceden del propio Mahoma. Cada jadiz cuenta con un enunciado de cadenas de informantes que, supuestamente, se remonta hasta Mahoma. El problema, no obstante, es que la propia tradición islámica reconoce que los dichos del jadiz tienen diversos grados de confiabilidad. Se destacan tres niveles: los coherentes, los buenos, y los débiles.
            No hay un solo cuerpo de jadiz, de hecho, en la historia del Islam, han surgido cuerpos rivales, en ocasiones con claras intenciones políticas. El cuerpo de jadiz más importante, al menos en la rama sunita, es el de Al Bujari, quien murió en el siglo IX. De nuevo, enfrentamos el problema de lo tardío de la fuente. Si bien Al Bujari aparentemente fue un hombre íntegro, e hizo un tremendo esfuerzo por recopilar los dichos de Mahoma con una indagación honesta, estuvo separado por más de dos siglos de la vida de Mahoma. La tradición oral, como saben muy bien los antropólogos, no conserva muy bien la información.
            Y, si bien Al Bujari pareció ser honesto, no debemos perder de vista que, en su época, la dinastía Abasida había destronado a la dinastía Omeya en el califato, y una manera de intentar legitimar a los nuevos gobernantes consistió en desprestigiar a la anterior dinastía. Para lograr ese objetivo, es posible que se hayan colocado en boca de Mahoma nuevos jadiz, cuyo mensaje estuviera tácitamente dirigido contra algún rasgo que caracterizara a los Omeya.
            Además de las dudas respecto a estos tres cuerpos de fuentes documentales (el Corán, las biografías, y el jadiz), algunos otros historiadores escépticos han adelantado otros argumentos en contra de la existencia de Mahoma. Lo que más se destaca es que, en las fuentes no musulmanas de la época, no hay menciones, ni del personaje, ni de la religión que supuestamente había fundado. La clave del argumento está en que, en varias circunstancias históricas, habría cabido esperar alguna mención, pero con todo, no la hay.
            Por ejemplo, cuando los árabes conquistaron Jerusalén en el año 637, el patriarca cristiano de esa ciudad, Sofronio, hizo mención de aquellos acontecimientos, pero no hizo referencia ni a Mahoma ni al Islam. En algunos otros documentos cristianos que hacen referencia a la expansión árabe en el Medio Oriente y el norte de África, se mencionan a esos pueblos como “sarracenos”, “árabes”, “ismaelitas” e incluso “agarianos”, pero nunca como “musulmanes” o “mahometanos”; de hecho, no hay mención del Profeta.
             El historiador Robert Spencer ha destacado la importancia de las monedas que los invasores árabes empezaron a utilizar en sus territorios invadidos. En las primeras seis décadas de conquistas, los árabes no utilizaron monedas con el nombre de Mahoma, y sin ninguna referencia al Corán y el Islam. Cuando finalmente sí aparecieron monedas con el nombre de Mahoma, aparecen en esas mismas monedas una figura humana, acompañadas por una cruz. La representación pictórica está prohibida en el Islam, y los musulmanes no aceptan a la cruz como un símbolo sagrado. A juicio de Spencer, esto permite pensar que esos primeros invasores no tenían religión propia, y que más bien empleaban símbolos cristianos.
            A partir de éstas y otras omisiones, una escuela de historiadores escépticos, con Patricia Crone a la cabeza, postuló la tesis de que el personaje de Mahoma, si bien pudo haber estado basado en una persona real, es bastante legendario. Mahoma (cuyo nombre originalmente quería decir “el alabado”, de forma tal que se trate de un título, y no de un nombre propio) fue un personaje inventado por los invasores árabes que se enfrentaban a los imperios bizantino y persa en sus conquistas. Esos imperios, conformados por múltiples grupos étnicos, mantenían su unidad mediante la religión (cristiana en el caso bizantino, zoroastriana en el caso persa). Los árabes pronto comprendieron que, para poder sostener políticamente los nuevos territorios conquistados, debían inventar una nueva religión que los separase de los imperios a los cuales se enfrentaban, y les ofreciese unidad.
            Ya los árabes se consideraban descendientes de Ismael, el hijo de Abraham y Agar. Por eso, en algunas fuentes tempranas, a los musulmanes se les llama “ismaelitas” y “agarianos”. A juicio de Crone y otros, los invasores árabes tomaron las bases de la religión hebraica que conocían por algunas tribus judías, la adaptaron a sus propias tribus, y le añadieron el personaje inventado de Mahoma, como un nuevo profeta. Pudo haber habido un Mahoma original, pero casi todo lo que se cuenta sobre él es legendario. Pues incluso, señala Crone, la propia existencia de La Meca como ciudad comercial debe ser colocada en entredicho, pues no hay ninguna referencia contemporánea a este pueblo como un centro de comercio.

            Estos argumentos son ingeniosos, pero a mi juicio, insuficientes. La propia Patricia Crone se retractó de muchas de sus tesis, años después de haberlas formulado en sus investigaciones originales. Los argumentos que tratan de rechazar la existencia de Mahoma están basados fundamentalmente en el silencio: puesto que no hay mención de X en otras fuentes, entonces X no debió existir. Pero, este tipo de argumentos es peligroso. Marco Polo, por ejemplo, nunca mencionó la gran muralla china o la práctica de encoger los pies. Pero, esas omisiones no implican que Marco Polo nunca estuvo en China. Del mismo modo, si Sofronio no mencionó a los musulmanes y a Mahoma durante la conquista de Jerusalén, pudo haberse debido a muchos otros factores, no necesariamente a que Mahoma es un invento posterior.
            Hoy, sólo los más híper-críticos (algunos de los cuales rayan en la islamofobia, como Robert Spencer) pretenden negar que Mahoma existió. Sí, ciertamente, hay lagunas en las fuentes, y eso debe suscitar algunas dudas. Pero, sucede algo muy parecido respecto a Jesús. Fuera del Nuevo testamento en el siglo I, hay poquísimas menciones de este personaje (y, algunas pudieron haber sido completamente interpolaciones, como las de Josefo y Tácito). Pero, con todo, es segurísimo que Jesús existió, por una razón muy sencilla: nadie inventaría detalles vergonzosos de un personaje venerado. Pues bien, lo mismo aplica a Mahoma: si de verdad los árabes habrían querido inventar un personaje para mantener la unidad política en sus conquistas, lo habrían hecho sin tantos detalles vergonzosos. En cambio, la biografía de Mahoma, reconstruida a partir de las propias fuentes musulmanas, es un crisol de inmoralidades y otros aspectos sombríos.

1 comentario:

  1. Y a pesar de todo lo que dices es categòrico que el Mofeta Mahoma fue inventado.

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