lunes, 4 de enero de 2016

El yijadismo y los saqueos de Roma

            El Estado Islámico ha atacado París, y en sus amenazas, también ha prometido atacar Roma. La selección de esa ciudad es un poco extraña, pues si bien Italia es un país occidental, no es una potencia de primer orden, y no alberga una población musulmana especialmente oprimida.
            ¿De dónde viene, entonces, la amenaza contra Roma? De su simbolismo. En una época, el yijadismo tuvo una obsesión con apropiarse de España, en una suerte de reconquista histórica de Al Ándalus. Para muchos yijadistas, España es el símbolo de la edad dorada del Islam, perdida ante la agresión de la civilización cristiana. Roma, en cambio, nunca fue musulmana. Pero, desde los inicios del Islam, aparentemente hubo una obsesión por conquistarla.

            En uno de los jadices (dichos atribuidos a Mahoma, aunque no todos fidedignos), Mahoma anuncia a sus seguidores que conquistarán Constantinopla. El imperio bizantino siempre consideró a Constantinopla como la “segunda Roma”, y los bizantinos consideraban que su imperio seguía siendo el imperio romano. Por varios siglos, diversas poblaciones musulmanas intentaron conquistar Constantinopla, hasta que, finalmente, en el siglo XV, los turcos otomanos lo lograron. En el renovado yijadismo, se ha asumido que, ya conquistada la segunda Roma, ahora corresponde conquistar la Roma original.
            Esta renovada obsesión con Roma ha activado las interpretaciones del Estado Islámico, como la manifestación del inevitable choque de civilizaciones. Bajo esta lectura (basada en el célebre libro de Samuel Huntington, El choque de las civilizaciones), el yijadismo no es producto de la opresión que sufren las poblaciones islámicas, sino más bien, de un expansionismo que hace que el Islam pretende vencer a Occidente en la confrontación entre civilizaciones.
            La tesis del choque de las civilizaciones tiene méritos. Pero, yo la matizaría. Pues, ni el Islam es tan monolítico en su confrontación contra Occidente, ni Occidente es tan monolítico en su confrontación contra el Islam. Es bastante evidente que no hay un bloque musulmán unificado. Además de la enorme cantidad de sectas divergentes que hay en el Medio Oriente, hay al menos dos bloques de poder que dificultan un verdadero integrismo: Arabia Saudita e Irán son las dos grandes potencias que se disputan el liderazgo del mundo musulmán, y para ello, pelean en Siria, Yemen, y otros focos de violencia.
            Así como el Islam no es un bloque monolítico, Occidente tampoco lo es. Históricamente, esto es de sobra conocido. Mientras que una civilización como la china logró larguísimos períodos de paz y estabilidad, Europa era escenario de luchas intestinas entre cristianos. Fácilmente vienen a la mente las guerras de religión entre católicos y protestantes en Francia, Alemania, y otros países europeos.
            Quienes defienden la tesis del choque de civilizaciones advierten sobre la amenaza yijadista a Roma. Pero, francamente, quienes históricamente más daño han hecho a Roma, y quienes más se han obsesionado en conquistarla, han sido los propios cristianos. Los musulmanes se dirigieron a Viena y nunca lograron entrar, pero jamás se plantearon seriamente conquistar Roma. Los sarracenos hicieron una pequeña incursión en 846, pero no lograron penetrar profundamente en la ciudad. Roma ha sufrido varios saqueos, y casi todos han sido perpetrados por los propios cristianos.
            Tenemos la imagen de tribus bárbaras que saquean Roma, pero rara vez se recuerda que esas tribus germánicas saqueadoras eran cristianas. Alarico, el visigodo que saqueó la ciudad eterna en 410, era cristiano. Era arriano (una secta herética del cristianismo), y seguramente no estaba muy convencido de sus convicciones religiosas; pero lo importante a destacar es que, uno de los saqueos a Roma que más impactó a la civilización occidental (sirvió de inspiración para que san Agustín escribiera La ciudad de Dios), no fue perpetrado por un musulmán, sino por un cristiano.
            Podríamos decir que, en realidad, esos visigodos eran bárbaros aún no integrados a la civilización occidental. Vale. Pero, aún tenemos el más brutal de todos los saqueos de Roma, el de 1527. Éste sí fue perpetrado por soldados que podríamos considerar plenamente occidentales. Incluso, eran soldados al servicio de Carlos V, el regente del Sacro Imperio Romano Germánico. Carlos V, el mismo que se había enfrentado a Lutero en defensa del catolicismo, y que con gran piedad asumió el papel de defensor de la fe, propició el saqueo a Roma. Dicen los historiadores que aquella atrocidad fue en realidad un acto de indisciplina de los soldados ante la falta de pago, y que Carlos V en realidad no deseaba ese saqueo que dejó al menos 20.000 muertos. Puede ser. Pero, lo cierto es que Francisco I de Francia, en sus guerras contra Carlos V, se había aliado con el Papa, y el emperador sí estuvo dispuesto a enfrentarse a Roma, insólitamente haciendo caso omiso a la imagen que quería cultivar como defensor de la fe.

            Más aún, en esas guerras, Francisco I había concretado una alianza con los otomanos. Si bien Roma no tenía una alianza explícita con el sultán, si había la percepción de que, en tanto compartían a Francia como aliada, el Papa y el sultán eran aliados implícitos. En la continuación de estas guerras en las décadas siguientes, incluso, el papa Pablo IV sí buscó activamente una alianza con Suleimán el Magnífico, el célebre sultán otomano.
            Todo esto, como he dicho, debería matizar un poco la tesis del choque de las civilizaciones. Ni los cristianos han estado tan unidos en contra del Islam, ni los musulmanes han estado tan unidos en contra de los cristianos, y ni los musulmanes y los cristianos han estado tan enfrentados. Quizás todo esto sea cosa del pasado, y Huntington tenía razón en señalar que, en el siglo XXI, las cosas serían muy distintas. Pero, en honor a la justicia, debería hacerse ver que, si bien el Estado Islámico ha amenazado con conquistar Roma, quienes realmente más daño han hecho a la ciudad en el pasado, han sido los propios cristianos, y en algunos casos, incluso en nombre de la defensa de la fe.

3 comentarios:

  1. En realidad Roma (al menos sus arrabales de extramuros) fue saqueada por los árabes en el año 846.

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  2. Es cierto. Debí mencionarlo. Gracias por la corrección. Mañana lo corrijo. De todas formas, sigo pensando que es un saqueo menor en comparación con el del siglo xvi

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