sábado, 21 de noviembre de 2015

El Islam dejó de ser el amante de parte de la izquierda; ahora es Putin

            La caída del muro de Berlín dejó huérfana a la izquierda internacional. ¿A quién mirarían como el gran hermano protector, si ahora en Moscú había MacDonalds? Pero, eso de ninguna manera implicó que la izquierda proclamara el fin de la historia (como ingenuamente hizo Francis Fukuyama). La historia apenas comenzaba: ahora, decían muchos izquierdistas, había que buscar una nueva alternativa. La hoz y el martillo no pudieron ganarle la batalla a Mickey Mouse. Era hora de cambiar de estrategia y nuevos aliados.
            Y, así, muchos izquierdistas empezaron a ver el integrismo musulmán la nueva alternativa. Ya desde la guerra de Argelia, gente como Frantz Fanon veía en el velo musulmán un símbolo importante del anticolonialismo. Más aún, a finales de la década de los años setenta del siglo pasado, la izquierda daba aún más este giro. La URSS venía ya en decadencia frente a un Occidente cada vez más seguro y poderoso, pero de repente, irrumpió la revolución islámica como el nuevo reto antioccidental. Michel Foucault llenó de elogios a los ayatolás.

            Muchos revolucionarios y comunistas de vieja guardia empezaron a coquetear con el fundamentalismo islámico. Roger Garaudy se había convertido al Islam, y como hoy se hace en muchas partes del mundo musulmán, negaba la realidad histórica del Holocausto. Carlos el Chacal también recitó la shahadah (el rito de conversión al Islam), y escribió un patético libro (L’islam revolutionaire) en el cual opinaba que el Islam tiene el potencial revolucionario para destruir el capitalismo y el colonialismo; en ese mismo libro, ¡el Chacal elogiaba a Bin Laden por su ataque a las Torres Gemelas en Nueva York!
            El romance izquierdista con el fundamentalismo islámico no duró mucho. Muy pronto, se hizo evidente que las ideas de Marx y Lenin son incompatibles con las de fanáticos religiosos que quieren imponer una sociedad teocrática y feudal. La estocada final a este idilio del yijadismo con la izquierda, fue la irrupción del Estado Islámico en 2014. Ahí se acabó la ilusión definitivamente. Al Qaeda al menos trataba de mantener una fachada de lucha por las injusticias del mundo, pero el Estado Islámico no escatimaba en asomarse como una pandilla de psicópatas.
            Nuevamente, llegó el momento para que ese sector de la izquierda volviera a cambiar de estrategia. Esta vez, dirigen nuevamente la mirada a Moscú. La Rusia de Gorbachov y Yeltsin era, en la visión de estos izquierdistas, la Rusia arrodillada a Occidente, el recuerdo de la amarga derrota de la Guerra Fría. Pero, la nueva Rusia, la de Putin, vuelve a ser la promesa de la alternativa antioccidental.
            Los McDonalds de Moscú no han cerrado, ni cerrarán. Hace tiempo que la hoz y el martillo desaparecieron de Rusia, y no se vislumbra su regreso ni por asomo. Con Putin, no sólo se reabrieron las iglesias, sino que además, ¡ahora los barbudos curas ortodoxos mueven muchos hilos del poder! Rusia pasó de ser un país oficialmente ateo, a ser uno de los países con menor laicidad del Estado en Europa. De hecho, Rusia es uno de los países menos socialistas de Europa: el colapso soviético abrió paso a una nueva élite corrupta y ligada al crimen organizado (estas élites aprovecharon la ola de privatizaciones en la era post-soviética, para controlar la gran infraestructura nacional), que ha erosionado muchos derechos laborales, y que mantiene una de las sociedades más desiguales del continente.
            Putin es, en buena medida, un nuevo zar, el tipo de gobernante contra quien se levantaron los bolcheviques en 1917. Pero, a los izquierdistas desorientados de nuestros días, eso no parece importarles. Putin quiere recuperar el viejo imperio zarista en detrimento de las zonas de influencia de EE.UU. y la OTAN, y para estos izquierdistas, si Putin se enfrenta a Occidente, es suficientemente bueno para ellos.

Por extensión, los títeres de Putin, son también elogiables, sin importar cuán brutales sean. Eso explica la continua excusa que parte de la izquierda hace frente a las atrocidades de Bashar Al Assad. De la noche a la mañana, estos izquierdistas dejaron de alabar el yijadismo, y ahora sí le plantan cara al fundamentalismo islámico. Pero, sólo lo hacen porque su gran hermano, Putin, está decidido a reconstituir el imperio zarista, y como los zares de antaño que se enfrentaron a chechenos y otros pueblos musulmanes del Asia Central, en ese imperio el Islam no tiene cabida.

Es el mismo razonamiento que, hace dos décadas, propició el romance entre la izquierda y el yijadismo. Me temo que, tarde o temprano, esa izquierda confundida se dará cuenta de que el enemigo de mi enemigo no siempre es mi amigo. Ojalá no tarden mucho en hacerlo, como sí tardaron en comprender que el fanatismo religioso del Islam no es una alternativa viable a los abusos del capitalismo.

10 comentarios:

  1. No tiene nada que ver con el artículo (con el que estoy de acuerdo), pero no sé si conocías ya este blog:

    http://librosdeholanda.blogspot.com.es/

    Trata temas filosóficos y de biodiversidad humana, solo que desde un punto de vista opuesto al que propones. El autor aparece también en el foro de internet de Nódulo Materialista, la revista en la que escribe Gustavo Bueno.
    Yo creo que sería interesante un intercambio.

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    1. Gracias. Por lo general, "biodiversidad humana" es un eufemismo para tesis racistas. Pero, vale, si quieres, sirve como intermediario y cuadramos un intercambio.

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    2. Solo échale un vistazo a su blog y si crees que vale la pena responde algún artículo (lo digo porque además nunca comenté su blog). Después de todo están en la misma plataforma.
      Ah, me olvidaba, su nombre es Eduardo Zugasti.

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  2. Espero no molestarle con mi opinión pues me considero un seguidor tanto de su blog como del programa de radio que dirige pero creo que, intentando demonizar ciertas tendencias claramente erróneas de algunos participantes de la izquierda, abandona usted la perspectiva crítica necesaria para el verdadero amante de los radicales islámicos.

    Han sido Estados Unidos, Francia y Reino Unido quienes más han ayudado a la causa de los yihadistas. Aparte de la mención de rigor hacia el soporte que E.E.U.U. dio a los talibanes en Afganistán, es preciso mencionar que tanto este pais como Francia armaron y subvencionaron a los rebeldes sirios.

    Ya en 2012, el director de los servicios de inteligencia norteamericanos, James Clapper, advirtió a su gobierno que una importante sección de los rebeldes sirios a los que se estaba apoyando eran radicales provenientes de organizaciones como Al Qaeda y el entonces floreciente Estado Islámico.

    Incluso a pesar de estas advertencias, esas potencias continuaron con su apoyo pareciendo ignorar completamente la repetición del inmenso error que había creado a bin Laden.

    Existió hasta hace poco, por supuesto, cierto sector realmente ofuscado de la izquierda que creía (infantilmente) que apoyar a los enemigos de sus oponentes políticos (sin darse cuenta de que son enemigos de su cultura entera) era una buena presión social. Pero generaliza usted el marco que abarca dicho sector y parece poco determinado a criticar a unas potencias sobre las que ninguna sospecha puede caer de izquierdistas y que parecen no solo cegadas por los intereses económicos sino además completamente ignorantes de su propia historia.

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    1. Hola, nunca es para mí motivo de molestia leer críticas constructivas y razonables como la tuya; al contrario, me complace hacerlo.
      Creo que he dejado claro en este artículo y otros de este blog, que a mi juicio, sólo una parte de la izquierda está desorientada. Hay varios personajes de izquierda, desde Hollande hasta Mujica, con los cuales yo puedo simpatizar. Lamentablemente, en mi esquina del mundo (Venezuela, ¿desde dónde escribes tú?), la izquierda que predomina es precisamente ésa que, antaño, simpatizó con el yijadismo, y hoy ve en Putin a un gran hermano.
      Como bien señalas, está fuera de toda duda que Francia, EE..U. y el Reino Unido apoyaron a la oposición siria. Pero, muchas veces se pierde de vista que esa oposición siria es muy diversa, y que en realidad, no hay pruebas contundentes de que el apoyo fue directamente a los yijadistas. Si en Egipto y Túnez, la oposición a las dictaduras vino fundamentalmente de fuerzas progresistas laicas, no debió ser descabellado suponer que los grupos que se opondrían a Assad serían también progresistas laicos y democráticos. Hoy podemos admitir que ese cálculo falló, y que la ayuda a esos grupos eventualmente desembocó en ayuda a los yijadistas, pero yo creo que no podemos acusar a Occidente de promover deliberadamente el yijadismo.
      Ciertamente Clapper hizo la advertencia que tú mencionas, y ahora sabemos que tenía razón. Pero, insisto, el fresco panorama de movimientos progresistas en Túnez y Egipto el año anterior (2011), debió haber hecho más difícil tomar una decisión, y las advertencias de la CIA no parecían tan decisivas.
      Una cuestión que yo he venido a aprender en los últimos años, es que a la hora de juzgar la moralidad de las decisiones militares y políticas, debemos evitar los sesgos de juzgar las cosas con la ventaja de la retrospectiva. Por ejemplo, EE.UU. cometió el error de armar a Bin Laden, pero en aquel contexto, yo no lo habría visto tan mal, pues era un simple guerrillero internacionalista que luchaba para liberar a Afganistán, un país invadido por un imperio agresor. En ese sentido, yo excusaría más a quienes decidieron apoyar a Bin Laden.

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    2. Hummm, creo que he cometido un error en cuanto a que debí tener en cuenta que el espectro político es un fenómeno regional.

      A mi, como socialdemócrata, se me considera y me siento cómodo en España como una persona de izquierdas (si bien una izquierda moderada, a mi parecer). Sin embargo, si yo viviese en Venezuela y expusiese mis posturas quizás se me tacharía de ¿"derechista"? o capitalista.

      Creo que en más de un sentido ese espectro izquierda-derecha de la Revolución ha quedado bastante obsoleto.

      Por ello, me disculpo si me he ofendido (no llegué a sentirme ofendido en un sentido estricto pero reconozco que cuando leí "Islam amante de la izquierda" no me gustó nada) y ello me hizo extender su crítica a sectores como el mío.

      Con respecto a la acción de los estados implicados en las revueltas sirias.... creo que es complicado. Por un lado, creo que esas revueltas de la última década han ayudado mucho a hacer progresar en general el panorama en el mundo islámico (y antes que persona de derechas o izquierdas me considero progresista). Pero ¿No es tropezar con la misma piedra el apoyar a un grupo cuando uno de los expertos advierte de que podría desencadenar la misma situación que ya se ha vivido y que tan catastrófica resultó?

      Con respecto a Bin Laden sí, estoy de acuerdo en que era prácticamente imposible saber que esa situación volvería para hacer salir el disparo por la culata (aunque tambiñen creo que es discutible si Afganistán habría sufrido más como estado satélite de la URSS que como estado fundamentalista) pero si lo menciono es porque creo que los gobiernos implicados han tenido muy poca perspectiva histórica, especialmente si se tiene en cuenta ese informe de Clapper.

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    3. Y por algún motivo ahora sí sale mi icono de cuenta y mi pseudónimo a pesar de haber iniciado mi perfil anteriormente para ese mismo comentario. Frustrante.

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  3. Supongo que tienes razón. Pero, es un experto, y supongo que hay muchos otros más que opinaban distinto. Existe el peligro de caer presa ante el sesgo confirmatorio a posteriori, cuando vemos las cosas en retrospectiva. Ahora sabemos que ese experto tenía razón, pero en el momento en que era necesario tomar la decisión, seguramente las cosas no estaban tan claras.

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