miércoles, 30 de septiembre de 2015

Los musulmanes moderados y la taqiyya

            La abrumadora mayoría de los musulmanes en el mundo son personas pacíficas, y no simpatizan con los abusos que comete Al Qaeda, el Estado Islámico, o los regímenes de la península arábiga e Irán. Es absolutamente cierto que los fanáticos no son representativos de más de mil millones de religionarios.
Del mismo modo, aparentemente, el grueso de los musulmanes de Europa tienen disposición a integrarse al resto de la sociedad, acatar la ley y vivir en convivencia; no está en sus planes apedrear adúlteras, matar a apóstatas, ni promover ninguna otra práctica barbárica contemplada en la shariah.

            El problema es que, cuando ocurren salvajadas islamistas (y esto sucede casi a diario), esa mayoría moderada y pacífica, peca de silenciosa. A los líderes islámicos de Europa se les reprocha no ser lo suficientemente enfáticos en su repudio del integrismo musulmán. Y, ese silencio puede volverse cómplice.
            Pero, muchas veces, los líderes islámicos de Europa reprochan estas salvajadas. Continuamente enuncian que desean vivir en paz, cooperar con las autoridades, integrarse al resto de la sociedad, mantener la religión en la esfera privada, etc. Si, en efecto, muchos líderes dicen estas cosas, ¿en qué se basan sus críticos para acusarlos de no protestar ante los abusos?
            Muchos de estos líderes islámicos son acusados de practicar la taqiyya, un principio oriundo del Islam chiita, que consiste en negar los verdaderos contenidos de la fe, a fin de resguardarla frente a la opresión. Así pues, cuando un líder musulmán en Europa dice que conviene la integración y repudia la shariah, mucha gente no le cree. Pues, se asume, sólo está diciendo mentiras para disimular, es un lobo disfrazado de ovejita.
            No puede negarse que, en algunos casos, sí hay líderes musulmanes europeos que muestran una faz moderada, pero que en otros contextos (cuando están fuera de Europa, frente a audiencias radicalizadas), escupen el veneno islamista. Éstos sí practican taqiyya. El más patético de éstos es el suizo Tariq Ramadam, cuya doble cara ha sido elocuentemente desenmascarada por la periodista Caroline Fouret.
            Ahora bien, es una injusticia asumir que todos los musulmanes moderados son deshonestos. Si estos musulmanes son consistentes en su moderación, es necesario darles un voto de confianza. De lo contrario, crearíamos una situación en la cual, un musulmán, diga lo que diga, será culpable: si avala el fundamentalismo islámico, es culpable por no integrarse a Europa; pero si reprocha el terrorismo, es culpable por no mostrar honestamente su fe. Bajo ese escenario, sólo será inocente si deja de ser musulmán, y aun en ese caso, se le acusará de practicar taqiyya, pues se presumirá que su aparente abandono del Islam forma parte también de la taqiyya.
De esa manera, sólo se le puede perdonar si se va de Europa. Esto es exactamente lo mismo que hizo la Inquisición con los marranos. Los inquisidores nunca aceptaron la honestidad de las conversiones judías al cristianismo. Presumían que, esos cristianos conversos, eran en realidad judíos que continuaban con su religión de forma clandestina. Así, eventualmente, ni la conversión era suficiente: tenían que abandonar España, o sencillamente, morir. Pues bien, si queremos evitar los abusos de esta nueva inquisición, debemos presionar a los musulmanes a que se integren a Europa y repudien el fanatismo, pero urge darles un voto de confianza. La paranoia de creer que toda oveja es en verdad un lobo disfrazado, puede ser muy contraproducente.


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