domingo, 24 de marzo de 2013

Ayaan Hirsi Ali y los misioneros cristianos



Tengo una aversión emocional contra los misioneros cristianos. Las creencias que promueven me resultan absurdas. Pero, no sólo me molesta el contenido de sus creencias, sino también la forma en que las promueven. Los misioneros suelen hacer su labor con un espíritu patronizador: se aproximan a sus potenciales conversos como si éstos fueran niños, débiles mentales que necesitan ver la luz del mundo ofrecida por el cristianismo. Muy rara vez los misioneros están dispuestos a escuchar cuáles son las creencias de sus potenciales conversos, e intentar refutarlas mediante la argumentación. 

 


            Y, por supuesto, históricamente los misioneros han servido como arma del colonialismo. Sobre todo en la segunda fase del colonialismo (aquel dominado por Inglaterra y Francia en Asia y África), los misioneros fueron abriendo el paso para los sucesivos administradores coloniales. La conversión de gentes al cristianismo en los territorios coloniales sirvió como medida para garantizar la colaboración de los nativos en el dominio europeo. Y, a la inversa, el ímpetu misionero sirvió también para que las grandes potencias coloniales trataran de justificar su expansión, apelando a la misión civilizadora y la carga del hombre blanco.
            Pero, visto más racionalmente, esta aversión en contra de los misioneros debe ser matizada. En primer lugar, es perfectamente legítimo considerar que la creencia que yo sostengo es la correcta, y si tu creencia es contradictoria a la mía, entonces tu creencia es errónea. La base de la persuasión precisamente consiste en usar argumentos parta defender mi postura, y refutar a aquellos que me contradicen. No es arrogancia creer estar en lo cierto.
            Creo, además, que en honor a la libertad de expresión, cualquier persona tiene el derecho de predicar pacíficamente un cuerpo de doctrinas (sin importar cuán absurdas resulten) e intentar persuadir a otra gente de que abandone su antigua religión, y asuman una nueva. Como reacción frente a la experiencia colonial, varios países del Tercer Mundo han aprobado leyes que prohíben la conversión religiosa de los nativos, y proscriben la actividad misionera. Si bien puedo entender los motivos históricos de estas medidas, me parece una brutal arremetida contra el más elemental derecho de libertad de expresión y de libertad de culto.
Si bien los misioneros han sido muchas veces los tontos útiles del colonialismo, defiendo la idea de que no todo lo del colonialismo ha sido malo. El colonialismo llevó las enormes ventajas de la modernidad a pueblos atrasados. Y si bien los misioneros difundieron enseñanzas absurdas (existe un Dios que es a la vez tres personas, ese mismo Dios nació de una virgen, murió y resucitó, etc.), al mismo tiempo extendieron un sistema educativo valioso que introdujo ideas científicas en gente que estaba estancada en el misticismo y la irracionalidad. Los misioneros abrieron paso a la occidentalización, y ésta  a su vez abrió paso a la modernización. El núcleo de la actividad misionera siguió promoviendo una visión premoderna del mundo. Pero, al mismo tiempo, una consecuencia inadvertida de la actividad misionera ha sido precisamente instaurar las bases del secularismo moderno. Pues, como bien señalaba Max Weber, el cristianismo paradójicamente ha sido una religión secularizadora. No es meramente casual que la vasta mayoría de ateos, agnósticos y secularistas sean culturalmente cristianos.
Hay un grueso sector de la humanidad que necesita urgentemente modernizarse y asumir una visión más secularizada del mundo. Me refiero a los más de mil millones de musulmanes en el planeta. Si bien el Islam es una civilización muy diversa y dinámica, no deja de preocupar que persisten y crecen elementos radicalizados que rechazan la modernidad y el secularismo. Es urgente levantar un muro de contención frente a estos radicales. Y, en opinión de algunos secularistas, los misioneros cristianos pueden ofrecer un importante servicio en esto.
Ayaan Hirsi Ali es una de esas secularistas, pero a diferencia de la mayoría de los secularistas, ella procede del mundo musulmán. Ali es atea y defensora a ultranza de la Ilustración. Pero, a diferencia de ateos militantes como Richard Dawkins o el ya fallecido Christopher Hitchens, Ali no opina que la religión “envenena todo” (por emplear una frase célebre de Hitchens). Ella considera que es poco probable que los musulmanes abandonen su creencia en la existencia de Dios repentinamente. Pero, puesto que urge una reforma secularista en el mundo musulmán, ella propone divulgar una religión que conserve la creencia en Dios y lo sobrenatural, pero que al menos mantenga separada la política de la religión, y en ese sentido, abra la puerta al secularismo.
 
En ese sentido, Ali defiende la extensión del trabajo misionero cristiano en países musulmanes. Su objetivo real no es convertir a los musulmanes a la fe cristiana. Su verdadero propósito es hacer abandonar a los musulmanes una fe que no separa a la religión del Estado. Ali seguramente preferiría que los más de mil millones de musulmanes se vuelvan ateos y la religión sencillamente desaparezca. Pero, Ali está consciente de que, frente a un musulmán, tiene más poder persuasivo un predicador monoteísta, que un predicador ateo.
Comparto el criterio de Ali. Las mejores transformaciones se hacen desde adentro, y paso a paso. Yo también preferiría que la población mundial abandonase la religión de una vez por todas. Pero, es improbable que así resulte, y en función de eso, es necesario plantear otra estrategia. Por ello, es mucho más conveniente apelar a una estrategia gradual: antes de alcanzar el estado utópico de total irreligiosidad, es más realista aspirar primero a un estado de religiosidad privada, y una esfera pública secularizada.
Pero, me parece que Ali se equivoca en creer que los misioneros cristianos lograrían ese objetivo. Dado el grado de resentimiento anti-occidental que persiste ahora en el mundo musulmán, es poco probable que los misioneros cristianos conviertan a un grupo significativo de personas. Más aún, la presencia de misioneros cristianos radicaliza aún más a los fanáticos islamistas, que interpretan la prédica pacífica del cristianismo en países musulmanes, como un acto de agresión. Ali está en lo cierto al considerar utópica la pretensión de que los musulmanes se volverán ateos. Pero, también debería ver como contraproducente la pretensión de que los misioneros cristianos ofrezcan con éxito una versión más secularizada de la religión.
Si de verdad pretendemos ir paso a paso y adquirir una estrategia realista, debemos promover una reforma desde el interior del Islam. Hay en el seno del Islam gente dispuesta a hacer con su religión lo mismo que muchos cristianos hicieron con la suya a partir del siglo XVIII. Así como es utópico pretender que un musulmán renuncie a su creencia en Dios, es igualmente utópico pretender que ese mismo musulmán siga creyendo en Dios, pero abandone la idea de que Mahoma es el sello de los profetas. Para secularizar exitosamente al Islam, es necesario encontrar líderes musulmanes que sigan enseñando las irracionalidades inofensivas del Islam, pero que más disimuladamente ataquen aquellas doctrinas islámicas que son mucho más peligrosas.
Fue necesario un Gorbachov para poner fin a la monstruosidad de la URSS. Si Gorbachov hubiese llegado predicando capitalismo salvaje desde un principio, su misión habría sido un total fracaso. El éxito de Gorbachov precisamente estuvo en su disposición para presentarse como un reformista frente a los comunistas más radicales. Y, la efectividad de Reagan estuvo en saber identificar a Gorbachov como un aliado en la propia reforma de la URSS. Al final, Reagan supo ver en Gorbachov una oportunidad para modificar a la URSS desde adentro.
Por eso, sostengo, sería mucho más productivo para Occidente retirar a sus misioneros cristianos o portavoces ateos en los países musulmanes. Dará mejores resultados infiltrar el Islam e intentar reformarlo desde adentro, paso a paso. Será más efectivo apoyar a imams que sigan conduciendo la oración el viernes en la mezquita, pero que en su sermón utilicen video beam  y otras tecnologías modernas, y vayan aconsejando a su audiencia a no llevar su religión a la esfera pública, e intente convencerlos de que adopten muchas ideas modernas.

6 comentarios:

  1. Me parece interesante el artículo en que muestra: a. El pto. de vista de Ayaan Hirsi Ali (AHA) de manera sencilla, al menos en este punto sobre el que trata el texto, y b. Un punto de vista tuyo que luce razonable y moderado, aunque en algún punto ("Para secularizar exitosamente al Islam, es necesario encontrar líderes musulmanes que sigan enseñando las irracionalidades inofensivas del Islam, pero que más disimuladamente ataquen aquellas doctrinas islámicas que son mucho más peligrosas") me parece netamente ofensivo e incomprensivo hacia lo que es la religión en sí. Pero no es aquí el lugar para elaborar sobre esto que hemos hablado muchas veces. Explicar por qué no es irracional una creencia religiosa para quien no lo puede ver es como explicar colores a un ciego, y ciertamente, no se trata de algo que se muestra con argumentos ni científicos ni racionales, pues simplemente, no se muestra. Se pueden dar ideas para dudar, pero no se puede insuflar creencia a nadie. Pero quería referirme, en todo caso, a que me parece muy peregrino el deseo de AHA de estimular el proselitismo cristiano. Como tu bien dices, eso más bien radicalizaría a los más fanáticos de los musulmanes. Pero además: nunca dio resultado. Es mejor, como también dices, promover cambios y reformas desde dentro, y desde los mismos actores musulmanes. Pero no porque rechacen las doctrinas musulmanas, inlcusive las más problemáticas, sino porque las enmarquen en una mayor comprensión esencial, que las abra a expresiones más tolerantes y libres.

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    1. Hola profe, gracias por su comentario. En Salt Lake City, conocí a un joven misionero mormón de 18 años. Él me decía que, si le daban una entrevista con Bin Laden por dos horas, él lograría convertirlo al mormonismo. A ese nivel llega el fervor y la ingenuidad misionera de algunos...

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  2. Un saludo, tocayo. Estoy convencido de que para corregir un error (en cualquier ámbito, no solamente en el religioso) es necesario exponer claramente la verdad al equivocado, y que este último esté dispuesto a cambiar su actitud en base a esta verdad. Para ello el que corrige no puede utilizar ningún tipo de coacción, ni tratar al equivocado como a un inferior pues todos tenemos el mismo nivel de dignidad (y podemos aprender unos de otros en distintos aspectos); más bien debe tener un ánimo pedagógico y conciliador.
    Por otra parte, y a un nivel más personal, aprovecho este comentario para hacerle una pregunta (si me lo permite) relacionada con el tema religioso en general: me gustaría saber cuáles son los argumentos en los que se basa para sostener su ateísmo, en vista de que las ciencias naturales no pueden demostrar la inexistencia del espíritu (y mucho menos de Dios), y desde el campo de la filosofía puede plantearse la necesidad de este Ente Absoluto (Ser Necesario) origen de cuanto existe (seres contingentes).

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    1. Gracias por tu comentario. Ciertamente el que corrige debe tener un ánimo pedagógico y conciliador, pero eso no implica que decirle a alguien que está equivocado es un acto de violencia.
      Respecto a la existencia de Dios: al discutir sobre este tema, la carga de la prueba reposa sobre el creyente. El ateo no tiene que probar que Dios no existe, del mismo modo que el no creyente en unicornios no tiene que probar que los unicornios no existen. No se puede probar la inexistencia de algo. pero, precisamente por ello, la carga de la prueba reposa sobre quien alega que ese algo existe. Por ello, aun si la ciencia no ha demostrado que Dios no existe, lo racional es asumir la inexistencia de Dios, a no ser que haya pruebas de su existencia.
      En todo caso, creo que sí hay una prueba de la inexistencia de Dios: el problema del mal. La existencia del mal en el mundo parece incompatible con la existencia de un Dios bueno y omnipotente.
      Tú mencionas la necesidad de un ser absoluto que es el origen de todo cuanto existe (seres contingentes). Éste es un argumento famoso, defendido por Tomás de Aquino y Leibniz. Pero, me temo que el argumento tiene fallas. Pues, así como necesitamos de un ser absoluto para explicar a los seres contingentes, también necesitamos explicar de dónde viene ese ser absoluto. Es el mismo problema que enfrentan todos los argumentos que apelan a la primera causa: ¿cuál es la causa de Dios?

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    2. Un saludo nuevamente. Decirle a alguien que está equivocado no es un acto de violencia, más bien es todo lo contrario, pero depende del modo cómo se realice.
      En cuanto a las pruebas, evidentemente las ciencias naturales no pueden hallarlas pues está fuera de su alcance (el espíritu, la divinidad, la inmortalidad, etc., no son fenómenos mensurables); sin embargo, en base a las evidencias que se nos muestran, podemos deducir que la materia y los fenómenos físicos no son lo único que tiene existencia.
      P. ej.: se ha descubierto que el universo tiene una fecha de inicio (miles de millones de años, según los astrofísicos), lo cual derriba la hipótesis del materialismo (universo eterno). Es evidente que la "nada" no puede generar otra cosa: si antes del inicio del universo no había nada, nunca hubiese aparecido ningún tipo de energía (la nada seguiría siendo nada infinitamente).
      Aquí es donde entra el principio del Ser Absoluto: un Ser cuya esencia es, precisamente, la de existir. No tiene principio ni fin. No necesita una causa, pues en ese caso sería un ser contingente, lo cual se traduciría en una cadena infinita de seres contingentes, y ya está visto que el universo tuvo un inicio (la cadena no es infinita).
      Con respecto al problema del mal, entiendo que es quizás lo más difícil de aceptar para un no creyente (incluso para un creyente lo es) pues es un asunto derivado de las características de este Ser Absoluto: para que sea Dios debe ser perfecto, lo cual implica que sea justo, y que respete la libertad humana (el humano es el único ser del planeta que tiene libertad, porque tiene alma, por lo tanto es el único que puede elegir hacer el mal en lugar del bien). Siendo así, Dios quiere que el humano haga el bien, pero permite el mal. No se impone a la fuerza, pues estaría violentando la misma naturaleza humana libre que creó. Evidentemente en este mundo no siempre vemos la justicia satisfecha (de hecho, casi nunca) lo cual permite deducir que esa justicia divina debe ser satisfecha en otro lugar u otro tiempo: un motivo más para pensar en la inmortalidad del alma (Cielo, infierno, purgatorio).

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    3. Hola, en otros escritos he respondido a tus objeciones. Acá evalúl el problema del mal (me parece que la respuesta sobre la base del libre albedrío es insuficiente): http://opinionesdegabriel.blogspot.com/2013/01/por-que-dios-permite-el-mal-algunas.html

      Acá evalúo algunos de los argumentos a favor de la existencia de Dios (incluido el de la contingencia, el cual mencionas): http://opinionesdegabriel.blogspot.com/2013/01/existe-dios-evaluacion-de-algunos.html

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