jueves, 21 de febrero de 2013

¿Es más opresiva la burka que el bikini?



           Típicamente, los multicultualistas tienen tres opciones de estrategias frente a los abusos cometidos en otras culturas: 1) negar que esos abusos existan; 2) proclamar que cada cultura sólo puede ser juzgada desde sus propios principios morales; 3) señalar que en Occidente la situación es peor. Las feministas que intentan reconciliar su postura con el multiculturalismo suelen optar por la tercera: sí, en otras culturas la mujer es oprimida, pero no más que en Occidente. Y, como representación de esto, suelen invocar la comparación de la burka con el bikini: ciertamente puede ser opresivo obligar a las mujeres taparse incluso la cara, pero es más opresivo venderlas como objeto sexual.
            Estas feministas se equivocan. Una mínima dosis de sentido común debería hacer ver que la burka es abrumadoramente más opresiva que el bikini. En primer lugar, la burka es impuesta con el peso de la ley y la aprobación del Estado en casi todos los lugares donde es común. El bikini es opcional. Hay en Occidente, por supuesto, una presión social a que la mujer exhiba su cuerpo, pero el nivel de coerción es muchísimo menor que en las brutales culturas patriarcales en el seno del Islam.
Podemos aceptar que el bikini intenta reducir a la mujer a un mero objeto sexual. Pero, ocurre el curioso caso de que, precisamente gracias al bikini, la mujer occidental utiliza su cuerpo para incrementar su poder. Con sus armas de seducción, la mujer puede obligar al hombre a ceder espacios que, de otra forma, sería más difícil conseguirlo; así, el bikini puede servir como medio para diluir el dominio de los hombres. El bikini saca a la mujer a la palestra pública. En cambio, la burka sencillamente relega a la mujer a objeto doméstico, e impide que la mujer emplee sus dotes para conseguir más poder.
La típica crítica de muchas feministas a esto, es que conseguir poder mediante la exhibición del cuerpo no es algo loable. La verdadera liberación de la mujer está en el cultivo de sus dotes intelectuales, y no meramente físicos.
Ciertamente yo estoy a favor del cultivo de la apreciación de la inteligencia de las mujeres. Pero, ello no impide la adquisición de poder mediante dotes que tradicionalmente han servido para asegurar una mejor posición. Guste o no, la evolución humana ha propiciado que la mujer destaque más por su belleza (codificada en signos de fertilidad), y el hombre por su inteligencia (codificada en signos de provisión a las crías).
El hombre puede impregnar a muchas mujeres, y su período de fertilidad llega a la edad avanzada. La mujer, en cambio, una vez que queda encinta, no puede volver a hacerlo durante su período de gestación, y su período de fertilidad es limitado. Así, puesto que la mujer sólo podrá ser impregnada por un hombre, se cuidará de no dejarse impregnar de cualquiera, y para ello, buscará compañeros que den signos, no propiamente de fertilidad (pues los hombres tienen una fertilidad muy prolongada), sino de poder proveer suficientes recursos para las crías.
El hombre en cambio, buscará aparearse con varias compañeras. Pero, puesto que las mujeres tienen un período de fertilidad limitado, el hombre se asegurará de aparearse con aquellas que den signos de fertilidad. Los senos grandes, redondos y levantados (lo mismo que las nalgas), la cara simétrica, y otros atributos frecuentemente asociados con la belleza, son signos típicos de fertilidad, y eso explica el gusto universal de los hombres por estos rasgos. Obviamente estos gustos tienen una base biológica. La inteligencia no es un rasgo tan buscado por los hombres, pues en el juego de la evolución, lo relevante es la fertilidad de la mujer (eso no implica que la mujer no haya podido desarrollar inteligencia mediante otros mecanismos de la selección natural).
Valga advertir que no somos prisioneros de nuestros genes. No invoco un determinismo genético. La evolución pudo favorecer prácticas moralmente objetables (como el infanticidio o la violación), y no por ello la aplaudimos. Del mismo modo, la exhibición del cuerpo de la mujer ciertamente fue favorecida por la selección natural, pero ello no implica que deba continuar de esa forma. Pero, es prudente reconocer las bases biológicas de estos hechos. Pues, de esa forma, estaremos en mejor posición para sobreponerlos.
La exhibición del cuerpo femenino no es una gran conspiración patriarcal que, en vista de sus orígenes contingentes, puede ser fácilmente sobrepuesta. Al contrario: es el resultado de millones de año de acumulación de rasgos físicos y mentales mediante la selección natural. Esto no implica que no podamos deshacernos de aquello que la selección natural nos ha impuesto (la selección natural no nos dotó con alas, pero aun así inventamos los aviones), pero la liberación debe empezar por admitir la fuerza de los factores biológicos.
Por ello, me parece que una estrategia más eficaz no consiste en pretender ignorar la base biológica de las relaciones entre hombres y mujeres, sino más bien en partir de estas bases para intentar revertirlas. Así pues, a la par que la mujer gana espacios mediante el despliegue de su inteligencia, puede seguir ganando espacios mediante el despliegue de su cuerpo. La mujer no denigra su inteligencia al usar un bikini; sencillamente, como complemento, se vale de un poderoso mecanismo evolutivo para conseguir poder, mediante la exhibición de signos de fertilidad.
Por supuesto, el incremento del poder femenino implica una relación más igualitaria entre hombres y mujeres. Y, en función de eso, no debería molestar a los hombres que las mujeres disfruten ver a hombres hacer despliegue de sus cuerpos. Pues bien, me parece perfectamente loable que, así como hay una Miss Venezuela, haya también un Mr. Venezuela. Todo esto recapitula la postura de aquellas autoras que, en la década de los ochenta del siglo XX, defendieron el feminismo pro-sexo, y hoy es elocuentemente defendida por Camille Paglia.  
Para esta autora, Madonna es un poderoso símbolo de la verdadera liberación femenina: mediante la exhibición de su cuerpo, Madonna logra acumular poder, sin renunciar a la sexualidad, o a las dotes que agradan a los hombres. Quizás el bikini tradicionalmente sea representativo de la sumisión de la mujer, y ciertamente Madonna no suele aparecer con estas prendas, sino más bien con atuendos alusivos al dominio femenino mediante la sexualidad. Pero, el exhibir el cuerpo sigue siendo una faceta importante de la consecución del poder, y en esto, el bikini ayuda mucho más que la burka.   

2 comentarios:

  1. A lo largo del tiempo el sexo femenino se ha dado cuenta que puede utilizar sus atributos con la finalidad de recorrer caminos con mas facilidad que si estuviera cubierta con una Burka la cual no es seleccion de ella, sino que es un sometimiento al dominio de los hombres en la sociedad donde viven

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  2. yo no tengo problema con la belleza per se, pero lo que me indigna y repugna es que eso se esta convirtiendo en obstáculo para la meritocracia y el trabajo, ¿como es que no te parece injusto que se desprecie el el valor del trabajo y los méritos por la simple belleza?
    (ademas de los problemas como la bulimia o la anorexia que eso conlleva)
    Y por si no sabias en muchos casos la belleza suele ser mas bien algo subjetivo.
    una observación: al decir que ciertas conductas están determinadas por los genes ¿no estarías cayendo en determinismo genético y falacia naturalista y por consiguiente estas pretendiendo darles una tonta justificacion los crueles programas de eugenesia nazis?

    NOTA (no pretendo justificar lo que les hacen a las mujeres en los países islámicos, es mas yo me opongo a esas barbaridades): Es que yo leí que la historia del velo era como una forma de protección no solo de la intimidad de las personas (ya que eran pueblos nómadas y en el desierto no hay paredes) sino de las inclemetes condiciones del desierto

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