domingo, 11 de diciembre de 2011

En defensa del eurocentrismo



Hay ciertos epítetos académicos que nadie quiere asumir, y que, generalmente son considerados insultos. Nadie en la academia se complace con que se le llame ‘fascista’. Hay buenos motivos para ellos. El fascismo es una doctrina política opresiva y perversa, y es prácticamente imposible encontrar algún razonamiento siquiera considerable en su favor. En los regímenes de derecha, ser ‘comunista’ es un insulto; en los regímenes de izquierda, el insulto es ser ‘neoliberal’. Con todo, en esos regímenes, hay plenitud de gente valiente que asume esos epítetos, pues a diferencia del fascismo, tanto el comunismo como el neoliberalismo son doctrinas que, al menos, cuentan con argumentos razonables a su favor.

Pues bien, hoy se considera un insulto el ‘eurocentrismo’, especialmente en los círculos de izquierda. Se asume que decir “yo soy eurocéntrico” es del mismo calibre que decir “yo soy machista” o “yo soy racista”. Deseo retar todo esto. El eurocentrismo no debería ser un insulto; de hecho, amerita hacer una defensa del eurocentrismo.

A grandes rasgos, podemos definir ‘eurocentrismo’ como la tendencia a creer que Europa ha tenido un papel protagónico en la historia de la humanidad, y que las instituciones procedentes de ese continente son más convenientes que las instituciones procedentes de otras regiones del mundo.

Esta definición debería colocarnos en alerta que, el ser eurocéntrico no implica el ser racista. Lamentablemente, es muy frecuente que, quien sea calificado de ‘eurocéntrico’, también sea calificado de ‘racista’. Pero, el racismo es la postura según la cual existen entre los seres humanos hondas diferencias biológicas, y que eso explica las diferencias culturales en la humanidad. Así, para el racista, existe una correspondencia entre los rasgos biológicos y los rasgos culturales de las poblaciones.

El eurocéntrico no necesita asumir esto. El eurocéntrico sólo postula que la civilización originada en Europa ha hecho más aportes significativos al bienestar de la humanidad, que cualquier otra civilización o cultura. El eurocéntrico no necesita invocar explicaciones biológicas. El hecho de que las poblaciones de Europa hayan tenido la piel blanca es meramente circunstancial. Gente de piel marrón, amarilla o negra, tienen perfectamente la capacidad para asumir las instituciones de la civilización occidental. De hecho, ha habido notorias figuras de piel oscura en la historia de la civilización europea: Esopo, Alexandre Dumas, entre otros.

Frecuentemente, se asume que el eurocentrismo es un prejuicio, que surge en personas chauvinistas ignorantes. Sin duda, hay muchos eurocéntricos de este tipo. Existe una tendencia universal a creer que lo propio es lo mejor, y a degradar lo extranjero. Por eso, junto a los prejuicios eurocéntricos, hay también prejuicios afrocéntricos, asiacéntricos y, por supuesto, latinoamericanocéntricos.

Pero, hay también un eurocentrismo ilustrado que no parte de prejuicios, sino de post-juicios. Ha habido plenitud de antropólogos e historiadores que, con firme objetividad y libres de prejuicios, han buscado comparar el desempeño de distintas civilizaciones en el mundo, y con suficiencia de datos, han llegado a la conclusión de que la mayor parte de las instituciones que contribuyen a la felicidad y el bienestar humano, proceden de Europa.

La lista de autores que, tras serias investigaciones, han llegado a la conclusión de que Europa sí ha jugado un papel protagónico en el forjamiento de la civilización, es demasiado larga como para reseñarla acá. Basta mencionar algunos de los grandes nombres: Max Weber, David Landes, Niall Ferguson, Robert Brenner. Vale destacar que no todos los historiadores eurocéntricos son europeos. Ha habido historiadores que proceden del Tercer Mundo, pero que, de nuevo, con objetividad, llegan a la conclusión de que Europa es la cuna de la mayor parte de las cosas que han hecho felices a los hombres: Ibn Warraq, Dinesh d’Souza, Ayaan Hirsi Ali, Mario Vargas Llosa.

Tradicionalmente, se asume que, quien es eurocéntrico, procede de la derecha. En el imaginario de muchos anti-eurocéntricos, el eurocentrismo, el neoliberalismo y el racismo vienen en un solo paquete. Ya he mencionado que el ser eurocéntrico no implica el ser racista. Ahora, deseo advertir que el ser eurocéntrico no implica el ser derechista. De hecho, ha habido plenitud de autores izquierdistas que reconocen la primacía de Europa en la historia de la civilización.

Karl Marx fue uno de ésos. Si bien Marx era un severo crítico del capitalismo, reconocía que este sistema era una mejora respecto a los modos precapitalistas de producción. Y, fuera de Europa, opinaba Marx, imperaban esos sistemas precapitalistas. Tanto el capitalismo como el comunismo, estimaba Marx, son oriundos de Europa. Fuera de ese continente, no había habido nunca una verdadera revolución socialista. De Europa, surgirá la semilla del comunismo para el mundo entero. Por eso, Marx veía como un avance la presencia colonial británica en la India.

Son muchas las grandes instituciones originarias de Europa, pero basta mencionar las más relevantes, según han sido documentadas por estos historiadores: la democracia, la ciencia, la racionalidad, la técnica, la medicina, la igualdad de género, los derechos individuales, el debido proceso judicial, la industrialización. Y, lo relevante acá es sostener que, si bien estas instituciones son originarias de Europa, tienen alcance universal. Por ende, el eurocentrismo promueve la adopción de estas instituciones a escala planetaria, a fin de contribuir al bienestar de la humanidad.

Habitualmente, quienes atacan el eurocentrismo, opinan que esta postura es sumamente arrogante: el eurocéntrico cree que Europa es mejor que el resto. No les falta razón a estos críticos. Pero, el hecho de que el eurocentrismo sea arrogante no implica que sea falso. Si fuésemos a escribir una historia universal del fútbol, Brasil ocuparía un lugar preponderante en ella. Ningún otro país ha logrado lo que ha logrado Brasil en ese deporte. ¿Debe el historiador del fútbol ser brasiliocéntrico? Los datos hablan por sí solos: Pelé, Ronaldo, Ronaldinho, Romario, Bebeto, Sócrates, etc., son las grandes glorias del fútbol. Los brasileños podrán ser arrogantes respecto al fútbol, pero no les falta razón. Mucho me gustaría que Venezuela tuviese un sitial de honor en la historia del fútbol, pero no logro nada con el auto-engaño. Pues bien, del mismo modo, al momento de escribir la historia de la humanidad y los aportes de cada civilización, ¿debemos ser eurocéntricos? Como en el fútbol, los datos hablan por sí solos.

También se acusa al eurocentrismo de servir como excusa para el imperialismo. De nuevo, no les falta razón a los críticos. En el siglo XIX, se lanzó la ‘misión civilizadora’ como excusa para que las grandes potencias europeas impusieran su dominio sobre territorios asiáticos y africanos. Pero, de nuevo, el hecho de que una creencia se emplee para atropellar y hacer daño no implica que esa creencia sea falsa. En nombre del cristianismo o del comunismo se ha hecho mucho daño, pero ello no implica que esas doctrinas sean intrínsecamente objetables. Del mismo modo, en nombre del eurocentrismo se ha hecho daño, pero eso no implica que el eurocentrismo no sea defendible.

Por supuesto, hay espacio para discutir muchas cosas. Quizás, Europa ha aportado más males que bienes a la humanidad. Quizás, muchas cosas que creemos procedentes de Europa, en realidad proceden de otras civilizaciones, como China o el Islam. Quizás otras civilizaciones han hecho aportes mucho más relevantes que los aportes de la civilización europea. Pero, el hecho de que la discusión esté abierta debería obligarnos a reconocer que el ser eurocentrista no debe ser motivo de vergüenza. Es, lo mismo que el marxismo o el neoliberalismo, una postura con argumentos considerables.

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